Las expectativas de los usuarios de interacciones instantáneas y sin interrupciones en las experiencias digitales están elevando aún más las demandas de rendimiento en tiempo real, ya que los retrasos o la latencia perjudican directamente la satisfacción y la usabilidad. Esta tendencia se deriva de la creciente familiaridad de los usuarios con aplicaciones fluidas y receptivas, desde los juegos hasta la AR/VR, donde la capacidad de respuesta en tiempo real es ahora una expectativa básica.
Los escenarios clave que impulsan estas demandas incluyen: - Juegos: Requieren más de 60 FPS y baja latencia de entrada para un juego competitivo o inmersivo. - AR/VR: Exigen una latencia inferior a 20 ms para prevenir mareos y mantener el realismo espacial. - Colaboración en vivo: Necesitan una renderización instantánea de las ediciones de modelos 3D para la retroalimentación en tiempo real del equipo. - Streaming/Eventos: Requieren actualizaciones de contenido dinámico sin problemas para ofrecer experiencias atractivas a los usuarios.
Para cumplir con estos requisitos, los desarrolladores optimizan la complejidad de los activos.
